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  • La Organización del Moot

Deloitte Legal patrocina la III edición del MOOT de Negociación y Mediación




¿Cómo surge la colaboración con el Moot?


Deloitte Legal empezó su colaboración con el Moot en 2017, de la mano de su segunda edición. La Firma siempre ha estado implicada en actividades de formación de todo tipo y tras conocer la iniciativa de la Dra. Geraldine Bethencourt -Directora del Moot Internacional de Negociación y Mediación Civil y Mercantil- y de todo su equipo, no tuvo ninguna duda en ponerse a su disposición para colaborar en todo aquello que fuera posible. Así, varios profesionales de Deloitte Legal tuvieron la oportunidad de participar, colaborando como jueces y mediadores de la competición, e incluso Eduardo Villellas, socio del despacho, participó como ponente en uno de los paneles de apertura. Fue una experiencia muy gratificante y en la que tenemos la firme intención de seguir participando.


¿Qué motiva a Deloitte para convertirse en el principal patrocinador del Moot?


En nuestra firme apuesta por la mediación, vimos en el Moot una oportunidad real de difusión de éste método como herramienta eficaz de resolución de controversias, a la vez que nos brindaba la oportunidad de interactuar con los jóvenes futuros abogados.


¿Qué competencias permite desarrollar el Moot que son imprescindibles en el ejercicio profesional? / ¿Qué aporta el Moot a los futuros profesionales?


Para los estudiantes universitarios, el Moot ofrece la posibilidad de trabajar para la resolución de una controversia con las ventajas de contar con coaches a lo largo del proceso para desarrollar y mejorar habilidades de estudio de un asunto, elaboración de una estrategia, investigación jurídica, redacción de documentos y oratoria. 

Además, el Moot permite poner en práctica los conocimientos adquiridos en la facultad en un entorno profesional. Ello implica una mayor exigencia para el estudiante, para el cual probablemente es la experiencia más cercana a una real, hecho que le reportará unos claros beneficios tanto personal como, en un futuro, profesionalmente.


La mediación y las practicas colaborativas adquieren cada vez más importancia, desde la perspectiva de Deloitte ¿qué aporta esta forma de resolver conflictos?


El primer incentivo que lleva a sugerir la mediación como método de resolución de conflictos es su utilidad tanto para las partes como para el sistema social en su conjunto: es un sistema que implica menos costes que el litigio judicial, pero no únicamente en términos económicos, sino también emocionales. Como mecanismo que se fundamenta en el diálogo y el consenso, brinda la oportunidad a las partes de mantener el control del proceso y permite que éstas puedan abordar las razonas más profundas del conflicto, lo que, sin duda, va a permitir que la solución que se alcance sea mucho más afín a sus intereses que la que cualquier tercero, ya sea un juez o un árbitro, pudiera eventualmente acordar.


Desde una perspectiva legal, entendemos, tal y como apuntó en una ocasión Dña. Mª Lourdes Arastey Sahún, Magistrada del Tribunal Supremo y vicepresidenta del Grupo Europeo de Magistrados por la Mediación, que la función del Derecho ya no sólo es la de solucionar los litigios, sino la de contribuir a restaurar y mantener las relaciones. Así, y sin perjuicio de que a través de la mediación se consiga o no llegar a un acuerdo, lo que resulta inapelable es que, al final del proceso, las partes tienen una visión del conflicto muy distinta de la inicial, hecho que, sin duda, favorece la posibilidad de que, al margen de la controversia surgida, pueda no troncarse la relación comercial.


¿Cómo vislumbra Deloitte el futuro de los mecanismos alternativos de resolución de conflictos en España?


España carece de una verdadera cultura transaccional, lo que dificulta enormemente la implementación de la mediación o de cualquier mecanismo alternativo de resolución de controversias. A pesar de ello, y dado que el mundo es cada vez más global, en España empiezan a encontrar su espacio como métodos de resolución de conflictos internacionales, sobre todo por la reticencia de los agentes extranjeros del tráfico comercial a litigar ante nuestra jurisdicción.


Los mecanismos alternativos de resolución de conflictos se presentan, pues, como un complemento a la justicia ordinaria que tienen un potencial que no debemos ignorar. No sólo conllevan unas ventajas y beneficios que se justifican por sí solos y contribuyen a un mejor funcionamiento del sistema judicial español actual en tanto que lo descargan, sino que son claramente una apuesta de futuro de la Unión Europea, de modo que no deberíamos dejar de trabajar en su desarrollo.



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